En el pasado un sueño claramente extraño parecía invadir mi mente cada noche, una mujer hermosa ante mis ojos sonreía, era Helene Fournier, mi futura esposa, la mujer con la que esperé pasar el resto de mis días.
Ahora ese sueño era un tormento, esa sonrisa cálida, se convirtió en algo inhóspito, la sentía parte de mi y al mismo tiempo de otra época diferente a la mía.
pensaba en su cálida sonrisa y recordaba todos los momentos en los que la había hecho mía, que ahora eran solo simples recuerdos aislados en lo mas recóndito de nuestros seres, ella cada vez me quería más y yo cada vez vivía mas en sueños que me alejaban de la realidad infortunada que no quería afrontar.
Esa mujer era un ser perfecto, su belleza y su inteligencia la hacían un objeto deseado.
a su lado me sentía afortunado pero mi ser no le pertenecía, mi ser no me pertenecía ni a mi mismo, estaba inmerso en un océano de dudas y contradicciones que me llevaban a actuar de la manera como todos esperaban, y no me disgustaba, pero extrañaba la autonomía que antes tenia cuando era dueño de mi propio ser; La amaba, eso no estaba en duda, pero no era conmigo con quien se acostaba todas las noches, era un ente de mi, una representacion de lo que algún día fui y ahora no podía seguir siendo.
Y allí estaba yo, sentado en un comedor de 12 puestos ( que solo utilizábamos cuando la casa tenia visitantes importantes, y que mas importante que la familia de mi prometida) , encabezando el desayuno de lo que parecía sería un largo y sorpresivo día, a mi lado izquierdo se encontraba mi prometida, Helene, vestida tan elegante e impecable como siempre, a mi lado derecho mi madre, y contiguos uno del otro los integrantes de nuestras familias que, a pesar de tan temprana hora, acudían al encuentro para compartir el desayuno de aquella mañana, aquella fría y aturdidora mañana. Aquel día me levante con ambos pies al mismo tiempo, algo me decía que iba a ser un día importante, y si que lo fue, y aunque agitadas pasaban las horas no descartaba la posibilidad de tener un encuentro de paz conmigo mismo, alejándome del ruido que se escuchaba día y noche por los pasillos de mi casa, las calles del pueblo y hasta los diarios, desde que Helene y yo decidimos coprometernos en matrimonio.
Al final de la noche, encontre la tranquilidad anhelada ,solamente deseaba Despojar mi mente, dejar a un lado aquellos pensamientos absurdos que la invadían cuando estaba al lado de mi prometida. me sentía desesperado,Sentía que estaba enloqueciendo, o tal vez la razón me estaba ganando.